24 enero, 2013

In the Barber shop


Desde el comienzo de los tiempos, es decir, cuando nací; el hombre, o sea yo, ha disfrutado de un espacio sagrado. Un lugar, el único, en donde un hombre puede acicalarse sin sentir por ello herido su preciado orgullo masculino. Ese automatismo animal que nos persigue allá donde vayamos.

La barbería ha sido y es, desde la Antigua Grecia hasta hoy en día, un lugar para hombres. Un punto de reunión que a lo largo de la historia ha forjado el equivalente masculino a las ''cosas de chicas''.
Un espacio en el que hablamos de deportes, contamos hazañas, hacemos chistes y si tenemos la edad suficiente 'nos quejamos de nuestra mujeres'. Afortunadamente no es mi caso. Si me habéis leído lo suficiente sabréis que para estar quejándome,pues no me caso. Pero bueno, es lo que hacemos.

barberia clasica

En la barbería, ya que se trata de un lugar sagrado, rige una ancestral tregua a las leyes no escritas que existen entre los hombres; tales como competir en todo tratando de establecerse como macho alfa, y el resto de estupideces que hacemos.Todo por respeto al barbero. Es de sentido común. No conviene mosquear a un tipo que pasará media hora rasurando tu cara y cabeza con una navaja tremendamente bien afilada.

barberia moderna

En algunos lugares se han llegado a crear sociedades,clubs o hermandades alrededor de la barbería, ensalzándola a la categoría de distinguido club social.

Esta profesión es un arte. El arte de dar forma a algo naturalmente caótico, como lo son el vello y el cabello humano. Cortar, rasurar, perfilar y embellecer.

Un ritual que nos prepara al fin y al cabo para un fin último, salir al mundo y luchar por vuestra atención.


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