21 enero, 2014

Señales de humo


planeta ardiendo

El fuego fascina naturalmente a las personas. Durante cientos de miles de años nos hemos sentado frente a la lumbre del fuego, observando crepitar las brasas y ascender el humo. En mayor medida de la que solemos pensar, el fuego nos hizo humanos.

En respuesta a esa fascinación casi obsesiva, el ser humano introdujo el fuego, y más tarde, ya perfeccionado, el humo como parte de sus rituales más importantes.
Magia, brujería, sanación y religión. Todas ellas recurrían al humo como medio para alcanzar lo que a nuestros ojos resultaba invisible.

En cierto momento a algún déspota se le ocurrió hacer de nuestra fijación por el humo un negocio a través del tabaco. Una jugada redonda y sin pérdidas, pues la adicción que creaba la nicotina garantizaba la fidelidad perpetua de sus clientes, clientes que con el tiempo solo podían aumentar.

humo

Hoy resulta imposible dar un paseo sin respirar la dichosa sustancia. Unos tratan de mantenerse sanos y cuidarse mientras los demás atentan inconsciente y egoístamente contra su salud.

Como si de una gran secta se tratase, sonríen y te mandan el desagradable y putrefacto humo, haciéndote sentir como un pobre conspiranoico que ve en todos un complot para atraerte hacia ellos y convertirte en una más de las ovejas en su narcotizado rebaño.

Es comprensible que en etapas anteriores de la evolución de nuestros conocimientos admirásemos el efecto que producían los narcóticos en nuestro organismo y que explicásemos esas sensaciones mediante la magia.

Soy también consciente de que tenemos una larga historia con estos elementos, pero aún sabiendo que nos son perjudiciales, como de un mal ex del que deberíamos desprendernos, nos aferramos hasta la estupidez.
Permitimos que una industria que debería estar a estas alturas obsoleta, nos haga pagar cifras elevadas al absurdo por ser ceniceros andantes. A sabiendas de que el tiempo, como un buen banco, volverá para cobrarse la deuda con nuestros pulmones.

fumar mata
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06 enero, 2014

Todo por el pan

pan de pueblo

Es extraña, la sensación al volver a casa después de tanto tiempo.
Tras pasar 3 años viviendo fuera de Gandía yendo y viniendo solo de vez en
cuando, me siento un poco forastero.

Solía caminar de arriba a abajo recorriendo la ciudad. Conocía cada uno de sus entresijos,rincones y huecos, hasta el más pequeño de sus secretos. Gandía no tenía para mí el más mínimo misterio.
Por eso no quepo en mi asombro al comprobar que han habido infinidad de pequeños cambios.

Anoche salí con mi mejor amigo y me sentí extranjero. Todos los pubs de moda que me mencionaba como opciones me sonaban a chino y aunque más tarde unas amigas me pusieron un poco al día sobre la situación, sigo sintiéndome más perdido que Nemo el pez en medio del océano. Esta misma mañana he vivido una verdadera odisea para comprar el pan.

gandia paseo

Aún teniendo en cuenta que es festivo, nunca me había supuesto un problema saber donde conseguir las cosas, pero ya ni el pan. Fui a una tienda que confiaba estaría abierta, pero no. Me dirigí a otra que abría todos los días, también cerrada. Y mi siguiente opción, no solo estaba cerrada, la tienda ya ni estaba. Al parecer cerraron hace meses.

Cuando estaba a punto de rendirme vi de lejos a una señora que llevaba una bolsa con pan, y como haría cualquiera en mi situación, salí corriendo hacia ella gritando ''¡señoraaa, señoraa!''. Cuando la mujer se giró y me vio corriendo hacia ella no debió de fijarse en la cara de bueno que tengo, porque echó a correr aterrorrizada. Y claro, yo para tranquilizarla le grité ''¡que solo quiero paaan!''. Pero corría más rápido que el correcaminos huyendo del coyote. Finalmente el orgullo de ex-atleta, las ganas de desayunar y un esfuerzo sobrehumano me permitieron alcanzarla y antes de que me diera con el bolso, le aclaré el malentendido. Con todo aclarado me dio las señas y por fin conseguí pan, pero visto lo visto mañana mando a otro.

El precio a pagar tras tanto viajar, volver a casa siendo un forastero.


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