30 marzo, 2014

Atropello en el Sant Pere

parque
Fotografía de Voyageuret
Hasta hoy mi filosofía, tanto en el Blog de Uss como en la vida diaria ha sido apolítica. La idea era sencilla. No me gustan los conflictos. Hablar de política crea conflictos. Y por tanto no hablaba de política.

Sin embargo me di cuenta de que vivir así es vivir engañado. Queramos o no, la política rige nuestras vidas y es parte estructural de nuestra realidad.

Así que hoy rompo mi silencio, no para apoyar a un partido u otro, sino para dar voz a una campaña que cuenta con mi total apoyo. Sin otro objetivo que el de defender los intereses de los habitantes de mi ciudad, mis intereses.

En Gandía tenemos un parque muy característico, un gran parque. El Sant Pere, lugar en el que pasé gran parte de mi infancia. Un sitio ideal para niños, donde junto a mis amigos y hermanos viví toda clase de aventuras.

hermanos en sant pere

Allí teníamos todo lo necesario para una tarde de diversión. Un laberinto rodeado por un estanque con nenúfares para jugar al escondite, un circuito de piedras en caracol donde hacer carreras, zonas para jugar a la pelota, columpios y pequeños cerros llenos de árboles y arbustos que eran para nosotros como una selva en la que solo se aventuraban los más intrépidos.

Años después, al pasar por allí no puedo evitar sonreír al recordar las experiencias que viví en ese parque y me alegra ver que los nuevos jóvenes mantienen el legado, disfrutando de él como hicimos nosotros en nuestro momento.

Ahora todo esto está en peligro. En vez de procurarle un buen mantenimiento, el nuevo alcalde de la ciudad, haciendo oídos sordos a la firme oposición de los vecinos del barrio, piensa remodelar todo el parque únicamente con fines electoralistas. Invirtiendo la desorbitada suma de 700 000 €. Un dinero que no tenemos. Y de tenerlo no querríamos gastarlo en remodelar por completo algo que ha funcionado toda la vida y que hasta hoy sigue cumpliendo su función.

sant pere

Por mucho que lo pretenda, señor Torró, Gandía no es ni será Ibiza. Tenemos nuestra propia esencia y la firme intención de preservarla.



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25 marzo, 2014

Esperanza en un café con leche


caffelatte

El domingo por la mañana me encontré sentado en la cafetería de la estación mientras aguardaba al tren dirección a Gandía. La noche había sido larga y me levanté temprano para volver pronto a casa. Apuré los últimos minutos corriendo hasta llegar a la estación para terminar dándome cuenta de que mi tren no saldría hasta 40 minutos después.

Ya sin prisa decidí hacer tiempo con un buen desayuno. Pedí un zumo de naranja, un café con mucha leche y también un bocadillo. Mientras comía sentado en una mesa frente a la barra, dediqué un rato a observar a la camarera. Se desplazaba como un pistón de un lado a otro de la barra atendiendo a los clientes sin más espacio en su mente que los pedidos pendientes, las bebidas en preparación, gente esperando a ser cobrada y otros aún por atender. En modo de producción automática. Conocía esa sensación, la posibilidad de alejar tu mente de las preocupaciones del día a día. En ese estado no hay tiempo para pensar en historias, tu campo de visión se amplia, aumenta tu percepción de los detalles, tu cuerpo se vuelve ágil y veloz y en tu mente, para gestionar todas las funciones, se activa el multitarea. Durante un instante eché de menos el trabajo.

Las personas necesitamos algo que nos mantenga en movimiento.Física y mentalmente. El trabajo te mantiene activo y avanzando. Y es que la ocupación del tiempo hoy en día parece imprescindible. Pero ahí estaba yo, disfrutando, sin mover un dedo, de esa escena congelada.
Día a día veo gente parada, desmotivados ya no solo por la falta de dinero al no tener trabajo, sino por no saber cómo ocupar ese tiempo libre.

Afortunado en este sentido, nunca me ha supuesto un problema entretenerme. Soy capaz de apreciar tanto el movimiento como su ausencia. Llegando a inventar las historias más fantásticas sin necesidad de moverme. Ideas no me faltan para mantenerme activo. El secreto es simple: motivación.

Actualmente estoy desempleado, por lo que podría sumirme en ese estado de tristeza permanente y desgana absoluta, pero no es el caso. Aunque no trabajo, mantengo mi agenda bien ocupada en proyectos personales. Tengo un sistema de objetivos a corto, medio y largo plazo que conservan mi estado de ánimo en balance positivo. Tener metas es importante, sin ellas el futuro se vuelve oscuro.

Llegado a un punto, pierde importancia lograr o no todos los objetivos, eso depende de cada uno. La clave es la esperanza. Pensar que el futuro te depara cosas buenas es un gran estimulante para mantenerse positivo y animado. Solo hemos de encontrar lo que nos mantiene en movimiento y alimentarlo. La perspectiva mejora por sí sola.


desayuno bajo el sol

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15 marzo, 2014

Redescubriendo las fallas

fallas

Hay días buenos y buenos días. Días geniales y días de risas. Días malos también, pero esos hoy no cuentan.
En Valencia estamos en Fallas, lo que significa fiesta, tradición y petardos. Muchos petardos.

Como veréis si habéis accedido al link anterior, mis conocimientos sobre la esencia de estas fiestas son más bien escasos. Y es que mi mejor amigo y yo, pese a haber hecho a los 9 años un reportaje de calidad profesional sobre las fallas, no somos grandes fans de la pirotecnia.

Pero este año el amor, digo la valentía, le ha impulsado a surcar nuevos horizontes. Decidió que era hora de superarlo y me invitó a ir a 'la mascletà'. El espectáculo pirotécnico más terrorífico jamás creado.

Para ello, claro, necesitabamos ayuda profesional. Alguien experimentado que nos guiara en esta aventura. Su novia Rosa y su encantadora amiga Yesica, curtidas ya en la experiencia fallera, serían nuestras anfitrionas. Aunque eso no nos impedía pensar que después de la traca acabaríamos tendidos en el suelo y más sordos que Van Gogh de su oreja izquierda.

Si me hubierais preguntado ayer, os habría dicho que salir con parejas es aburrido, pero ayer no conocía la combinación de Rosa y Cristian. Un explosivo cóctel de diversión.

Tras dar un paseo y almorzar, esperamos más de una hora a que comenzara el espectáculo, entretenidos con las apariciones de nuestra celebre y honrada alcaldesa en el balcón del ayuntamiento. También ayudaron los cánticos de los quinceañeros entusiastas que teníamos delante.

Después de comer a las chicas les apetecía un café en Starbucks y gracias a mi infalible sentido de la orientación guiando al grupo por la ciudad, acabamos la jornada sin rodeos. Bueno, me perdí un poco. Nada que un buen frappuccino no pudiera solucionar. O eso espero.

Al final olvidé contaros lo más importante, pero en resumidas cuentas, una mascletà no es algo que describir con palabras. Id en buena compañia y disfrutad por vosotros mismos.

mascleta


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