25 marzo, 2014

Esperanza en un café con leche


caffelatte

El domingo por la mañana me encontré sentado en la cafetería de la estación mientras aguardaba al tren dirección a Gandía. La noche había sido larga y me levanté temprano para volver pronto a casa. Apuré los últimos minutos corriendo hasta llegar a la estación para terminar dándome cuenta de que mi tren no saldría hasta 40 minutos después.

Ya sin prisa decidí hacer tiempo con un buen desayuno. Pedí un zumo de naranja, un café con mucha leche y también un bocadillo. Mientras comía sentado en una mesa frente a la barra, dediqué un rato a observar a la camarera. Se desplazaba como un pistón de un lado a otro de la barra atendiendo a los clientes sin más espacio en su mente que los pedidos pendientes, las bebidas en preparación, gente esperando a ser cobrada y otros aún por atender. En modo de producción automática. Conocía esa sensación, la posibilidad de alejar tu mente de las preocupaciones del día a día. En ese estado no hay tiempo para pensar en historias, tu campo de visión se amplia, aumenta tu percepción de los detalles, tu cuerpo se vuelve ágil y veloz y en tu mente, para gestionar todas las funciones, se activa el multitarea. Durante un instante eché de menos el trabajo.

Las personas necesitamos algo que nos mantenga en movimiento.Física y mentalmente. El trabajo te mantiene activo y avanzando. Y es que la ocupación del tiempo hoy en día parece imprescindible. Pero ahí estaba yo, disfrutando, sin mover un dedo, de esa escena congelada.
Día a día veo gente parada, desmotivados ya no solo por la falta de dinero al no tener trabajo, sino por no saber cómo ocupar ese tiempo libre.

Afortunado en este sentido, nunca me ha supuesto un problema entretenerme. Soy capaz de apreciar tanto el movimiento como su ausencia. Llegando a inventar las historias más fantásticas sin necesidad de moverme. Ideas no me faltan para mantenerme activo. El secreto es simple: motivación.

Actualmente estoy desempleado, por lo que podría sumirme en ese estado de tristeza permanente y desgana absoluta, pero no es el caso. Aunque no trabajo, mantengo mi agenda bien ocupada en proyectos personales. Tengo un sistema de objetivos a corto, medio y largo plazo que conservan mi estado de ánimo en balance positivo. Tener metas es importante, sin ellas el futuro se vuelve oscuro.

Llegado a un punto, pierde importancia lograr o no todos los objetivos, eso depende de cada uno. La clave es la esperanza. Pensar que el futuro te depara cosas buenas es un gran estimulante para mantenerse positivo y animado. Solo hemos de encontrar lo que nos mantiene en movimiento y alimentarlo. La perspectiva mejora por sí sola.


desayuno bajo el sol

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