04 abril, 2014

Reset

escarabajo

Hoy estoy de mal humor. Negro de rabia, más negro que el escarabajo de la foto. Estaría bien si fuese del tipo de personas que disfrutan cabreadas del día a día. Pero cuando estoy de mala uva no me soporto ni yo.

Mi mal humor es como el dolor de cabeza, psicosomático. Hasta que no descubro de qué se trata, se empeña en acompañarme a todas partes
Es como tener un mensaje en la bandeja de entrada y no poder entrar porque no recuerdas la contraseña. Así que emprendo un viaje de introspección.

Soy de esos que cuando se enfadan no hablan. Los ojos se vuelven mi único medio de comunicación, porque las palabras que saldrían de mi boca de permitirlo, no serían nada agradables. Es un fenómeno extraño, mi enfado, pero por suerte su frecuencia es menor que la del paso de los cometas.

Caminar es terapéutico, como un baño de sales. O eso creo, nunca me he dado uno.
Si busco inspiración camino, también cuando necesito relajarme. Pero cuando estoy realmente estresado o enfadado, salgo a correr. Corro como si me fuera el pan en ello. Kilómetros y kilómetros sin parar hasta dejar atrás todo rastro de ira. Y al volver a casa estoy como nuevo. Pero hoy no estaba de suerte, me dolía la rodilla. Supongo que por el
mal tiempo. No me quedaba más remedio que caminar.

Salí de casa y dirigí mis pasos en cualquier dirección. Después de un rato Gandía se me antojó monótona, así que fui en busca de naturaleza. Llegué hasta Marchuquera y luego me desvié a la derecha entre las montañas. Caminé hasta allí donde el verde reclama su espacio y se alza desafiante contra las contrucciones humanas. El aire era fresco y montañoso, todo natural y pacífico. Hasta que me topé con un inmenso rottweiler.

rottweiler

¿Era salvaje? No me van los perros y tampoco pensaba quedarme a averiguarlo. En ese momento no tenía ni idea de que estaba en una propiedad privada. ¿Dónde quedaron los carteles y las vallas? Hice un amago a la derecha y salí pitando hacia la izquierda. Picó, pero tardo poco en darse cuenta del engaño y salió disparado detrás de mí. Ahí estaba yo pensando que eran mis últimos segundos de vida y corriendo como la gacela de los documentales a punto de morir devorada por el león, cuando distinguí una valla a unos 15 metros. Si lograba alcanzarla estaría a salvo del peligroso can, pero mi rodilla empezó a flaquear y el muy maldito acortaba la distancia por segundos.

A 5 metros de la salvación eché un vistazo para darme cuenta de que estaba justo detrás de mí y a punto de salto. Flexionó las patas traseras y saltó sobre mí mientras yo me cubría la cara con los brazos en una postura ridícula entre avance y parada. ¿Quién sabe cómo defenderse de un animal salvaje? Caí de bruces bajo su peso y empezó a lamerme la cabeza. ¡Vaya susto! Destesto la baba de los perros, pero prefería eso a que devorase mi carne rica en sales minerales.

Después de todo, resultó que Bob solo echaba de menos la atención de las personas. Sé que se llama Bob porque poco después apareció el dueño para echarme de su propiedad. Algo tosco, debo admitir. Para avanzar me vi obligado a atravesar un oscuro túnel montañoso.

Caminé muchos kilómetros. Resbalé barranco abajo, seguí avanzando y me perdí alguna que otra que vez para terminar mi viaje horas después en Xeraco. ¿El motivo? Ni idea. Quizá mi subconsciente me llevase allí porque fue el primer lugar de por aquí en el que viví. Una vuelta al inicio.

rotonda xeraco

Pero a la próxima me pago un spa.


2 comentarios:

  1. Es una historia preciosa ,amigo, muy gráfica y al mismo tiempo intimista. Tu mal humor y tu pequeño viaje en donde pintas la soledad y el abandono de todas las cosas. Me gusta tu blog porque es honesto y eso es lo que más aprecio en estos tiempos.

    No sé si has leído esta historia, pero te la recomiendo, a mí me gustó muchísimo. Se titula El cuerpo de Stephen King. Hay una película basada en esta historia titulada Cuenta conmigo. No sé, me has hecho recordar con tu historia esta historia a la vez.

    Abrazos

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  2. Te agradezco mucho la valoración Francisco.

    Me ha picado la curiosidad y además Stephen King es un gran escritor. No la he leído, pero lo haré.

    Un abrazo

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