26 enero, 2015

Medicina convencional y alternativa

curacion

El instinto es la cuna de mis grandes movimientos. Fue instinto lo que me llevó a Gran Canaria hace casi 3 años, donde viví grandes experiencias y descubrí el boxeo.  También fue el instinto lo que me motivó a viajar a Francia en 2011, adentrándome en la que ha sido hasta hoy la mayor aventura de mi vida .
Ese mismo instinto me trajo hace menos de una semana a Madrid, y ya ha comenzado a dar sus frutos.

Tras mi temporada de carreras populares, la media maratón y el kilómetro vertical (una carrera entre las montañas que terminaba en el pico del Mondúber) mi cuerpo estaba bastante resentido. Dolencias que arrastraba desde hacía tiempo empezaban ya a resultarme muy molestas: una contractura en el trapecio, un terrible dolor de rodilla y molestias en el estómago.

Para mí esto suponía un problema importante, ya que siempre he pensado que el sistema sanitario español tiene una organización totalmente caduca e ineficaz. Con todo esto en la mente era difícil arrastrarme hasta un hospital por mucho que lo necesitara, así que debía hacer algo.

No penséis que hablo por hablar, no suelo hacerlo. Varias malas experiencias me han llevado a esa conclusión. Como aquella vez en que ingresé en urgencias con terribles dolores, fiebre, sudores y vómitos, en las que tras tratarme como a un niño molesto y hacerme pruebas durante 12 horas, me mandaron a casa sin soluciones. O como la vez que fui por un dolor de espalda y me dijeron que con ibuprofeno se me pasaría en unas semanas, tras lo que la contractura –que es lo que tenía– se me hizo prácticamente crónica.

Un sistema basado en la venta de medicamentos y promoción de la industria farmacéutica que nos vende que los fármacos lo soluciona todo, sin contar con los riesgos de la automedicación.

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Este sistema está fundamentado en una mentira colosal: que los medicamentos curan. Un medicamento nunca va a curar una enfermedad. Puede prevenirla, puede hacer que dejemos percibir los síntomas, pero no puede curarnos. No niego a importancia de la medicina convencional cuando es necesaria, protesto por cómo han convertido el uso de los medicamentos en algo cotidiano y normal cuando no debería serlo.

Un sistema en que la atención que se te dedica tras una larga espera es de 3 minutos; en el que un especialista es un ser tan difícil de ver como un unicornio; en el que en vez de mandarte medicamentos genéricos, te recetan lo más caro, cuando todos sabemos que el pueblo no está para tirar cohetes; donde no te remiten a los profesionales adecuados cuando corresponde; y en el que cuando las cosas se complican o resultan caras, te dejan tirado como una colilla en el cenicero.

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Por todo ello, en esta ocasión en vez de ir al médico por mi problema de rodilla, decidí ir al fisioterapeuta. Para mi suerte, este resultó ser un auténtico prodigio, que no solo encontró inmediatamente –y no un año después– solución a mi problema de rodilla –y sí, he dicho solución–  también relacionó y dedujo de mi problema en la espalda, las molestias estomacales que sufro, explicándome que el nervio que conecta el cerebro con el estómago pasa por el trapecio por lo que si tienes muchos problemas estomacales saturan el nervio y eso acarrea contracturas en el trapecio. Resolvió el síntoma paliando a su vez el foco del problema. Y fue así como invertí el hasta hoy dinero mejor gastado de toda mi vida .

A mi parecer,  la principal causa de enfermedades es la somatización de irregularidades mentales subconscientes, por lo que debemos cuidar nuestro bienestar mental. Como decían los romanos: "Mens sana in corpore sano".

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