03 noviembre, 2015

Who are you?

mirar ver

Los sentidos nos engañan con frecuencia. En ocasiones nos dejamos engañar, acostumbrados a ver las cosas por como están, y no por como son.
Hace un tiempo tuve una conversación con alguien muy especial sobre la diferencia entre el verbo ser y el verbo estar. En inglés no existe diferencia entre los dos verbos, ya que  ambos son «to be». Esa una de las razones por las que aprecio el español. Solía llamarle castellano, pero es mucho más que eso, por lo que resulta impreciso llamarlo así. Uno de sus aspectos más valiosos es el potencial de matización que nos ofrece.

  A lo largo de la historia, la influencia y cultura de muchos pueblos se han combinado para formar este idioma tan completo que compartimos hoy: árabes, celtas, romanos, visigodos y vascos contribuyeron, amoldaron y enriquecieron el que hoy evolucionado, conforma el idioma español. Es una de las mejores lenguas para expresar prácticamente cualquier idea con sinfín de opciones, aunque me parezca más bonito el francés o más enfático el inglés.

amor en varios idiomas

Hay acepciones que se expresan mejor usando directamente otro idioma, porque la estructura y manera de ordenar las ideas de una cultura a otra, provoca que expresiones muy claras y concretas en un idioma sea vagamente representadas con su traducción a otro idioma, o que directamente no haya manera de decirlas porque no existe un significante para la idea que intentamos traducir.
El mejor ejemplo es una expresión yagán, de la Tierra del Fuego: «mamihlapinatapai», que representa el cruce de miradas entre dos personas que ansían que ocurra algo que ninguno de los dos se atreve a iniciar.

Como decía, resulta muy sencillo mirar las cosas por como están en este momento. Pero requiere un tipo distinto, más complejo de visión, el poder verlas tal y como son. Conocer a alguien o algo a lo largo del tiempo facilita esta tarea. Nos permite percibir pese a los cambios que sufre, que hay un fondo que permanece; un fondo que suele quedar invisible, a menos que observemos el tiempo necesario.

estado animico

El estado de ánimo es un buen ejemplo de lo que trato de explicar. Si consideramos que una persona es la suma de su experiencias, su manera de pensar y los ojos con lo que mira al mundo, podemos verla como un todo. Un algo que permanece, como un pilar; una esencia a considerar pese a los cambios aparentes, un ser. A veces el estado anímico nos empuja a límites en los cuales ponemos en duda el valor de ese ser. Sin embargo, hay un motivo por el que se llama estado, es algo que está; y todo lo que está es susceptible de cambio, temporal.
Es superficial, y por malo que sea ese estado no debería cambiar nuestra manera de ver al ser en cuestión. Como proyecto de economista, un ejemplo apropiado sería: por mucho que arruguemos un billete y por mucho que lo pisoteen o lo pisoteemos, su valor no va a cambiar.

Es importante no mantenerse en esa capa de superficialidad de las cosas y las personas, ya que a veces detrás de aquello brillante y glamuroso no hay más que mugre o vacío, y detrás de aquello simple y sencillo puede esconderse algo complejo y apasionante. A veces. Sólo hay que observar con detenimiento y abrir la puerta adecuada.

https://www.flickr.com/photos/hhchu/with/8345185891/

Las personas son capaces de percibir a los farsantes. No ha de ser algo consciente, pero con el tiempo se nota cuando alguien no es natural. Observa tus debilidades y acéptalas, descubre tus fortalezas y asiéntalas. Solo así puede una persona tener éxito en cualquier ámbito. La clave es siempre la misma, la actitud; pero la actitud que se construye sobre una personalidad que no es la propia, es inconsistente, fugaz. Construye actitud sobre tu veradera personalidad y entonces estarás creando una auténtica coraza. No un escudo para protegerte del mundo, sino un brillo con el que exponerte a él; una marca personal con tu propia rúbrica. La firma que garantiza que eres el único tú que existe, que ha existido, y que existirá. Podemos ser mejores o peores actores, pero nadie puede fingir para siempre. La mayor probabilidad de éxito está pues, siendo natural, siendo uno mismo.


flor de loto
Ser y estar
Esencia y estado
Permanencia y fugacidad, by Uss.

2 comentarios:

  1. «La clave es siempre la misma, la actitud; pero la actitud que se construye sobre una personalidad que no es la propia, es inconsistente, fugaz. (...) Podemos ser mejores o peores actores, pero nadie puede fingir para siempre. La mayor probabilidad de éxito está pues, siendo natural, siendo uno mismo.»

    ¡Bravo por ello! Cuando veo a alguien que es exitoso por representar un papel (algunos hasta se terminan creyendo su propia máscara y se convierten en su sombra), no puedo evitar cierta acidez en mi estómago: pueden engañar con sus trucos ensayados a quien sea dependiendo de su práctica y habilidad, pero a duras penas podrán engañarse a sí mismos: quieren poner en práctica un papel de alguien ocurrente y sólido porque en el fondo de su alma no se sienten ni ocurrentes ni sólidos. ¿Pero quién puede tapar esa vanidad a alguien pasado un tiempo? Nadie. Esa gente («comediantes», los llamó Nietzsche) coge de aquí y de allá, buscando una confirmación continua de sus habilidades para el artificio y sus progresos; salen contentos de sus triunfos sin advertir que están huyendo en seguida de la persona a la que han embaucado o sorprendido; van en busca de otra, en efecto... (ellos lo llamarían «búsqueda y adaptación a distintos retos», pero en realidad es sacar mero beneficio personal de lo que se les antoje, pues son caprichosos, y, por supuesto, no defraudar a una persona que les va a detectar tarde o temprano).

    Esto ocurre mucho en el amor. Queremos aparentar ser perfectos y queremos que el otro sea también perfecto. ¿Pero quién puede hablar de amor si no tuvo que querer apasionadamente aquello en lo que la otra persona era más débil, más ridícula? Pero hay mucha gente que no parece darse cuenta de lo fascinante que hay en muchas acciones supuestamente ridículas. Y así marcha el mundo, a base de individuos encorsetados en el "bienquedismo" que cuchichean a "A" su mala opinión sobre un vulgar "B" para poco después irse a "B" y exponerle con toda camadería su mala opinión sobre un arrogante "A"; olvidándose en todo momento de criticarse a sí mismo, digo más, hablando siempre de lo que le ocurre aunque no tenga apenas importancia y adornando un poco sus intervenciones en la historia que relata.

    En cuanto a «Los sentidos nos engañan con frecuencia. En ocasiones nos dejamos engañar, acostumbrados a ver las cosas por como están, y no por como son», también hay mucho que hablar de ello. Dijo Berkeley, el gran filósofo, que el mundo es la perpetua creación subjetiva de cada ser y que, por tanto, no le estaba al ser humano conocerlo y medirlo más que en una porción limitada y más bien abstracta. Es decir, que el mundo no "existe", sino que nos lo imaginamos. Lo que existe del mundo (si es que efectivamente existiese) está más allá de las capacidades cognitivas de los seres.

    Luego tratas unos puntos fascinantes del lenguaje que también me interesan mucho. Wittgenstein dijo que «Los límites del lenguaje son los límites de mi mundo», y es increíble de lo que da de sí y la profundidad de esa frase tan corta. Te recomiendo al respecto el siguiente enlace a un fragmento de una película inspirada en él y su filosofía, en él se exponen algunas de sus ideas fundamentales de una forma dinámica para el espectador, seguro que te gusta:

    https://www.youtube.com/watch?v=XaNxQqTz_Bs

    Me ha gustado mucho la entrada, gracias por compartirla. Un saludo.

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  2. Sí, últimamente el mundo se ha hecho escenario de un baile de máscaras.

    No he leído nada de Berkeley, pero me parece muy interesante su postura. Me lo anoto para un futuro próximo.

    El lenguaje me resulta fascinante; esa frase sí la conozco, la tengo muy interiorizada y estoy plenamente de acuerdo con ella. Ah, estupendo, gracias. Ahora lo veo.

    Iba a publicar la respuesta, pero entre tanto he visto el vídeo: fascinante. Voy a ver la película y a leer todo lo que encuentre sobre Ludwig Wittgenstein.

    Saludos, y gracias a ti.

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