04 diciembre, 2015

Despejando la mente


Soy una persona muy mental. A veces tanto, que en su servicio me vuelvo algo obtuso. Como dijo Jodorowski, la mente ha de estar al servicio de uno, y no estar uno al servicio de su mente.

Estaba agobiado y molesto en general. Me quejaba de la universidad; de esto, de aquello y de cosas más allá. Poblemas, problemas y más problemas.
Además, soy de ese tipo de personas a las que les cuesta vivir en el presente. Mi mente siempre me lleva lejos, a veces al pasado y con más frecuencia al futuro, pero ambos son sólo ilusiones. Mientras 'estamos' en ellos la vida no nos espera, discurre sin pausa a nuestro alrededor.

Ayer, hablando con mi persona favorita, me dijo: 
«Piensa esto: tienes un lugar donde estar; estudias en la universidad; puedes permitirte ir al gimnasio; tienes buenos amigos, familia y dispones de buena salud; eres guapo, inteligente y tienes una mujer que te quiere y que vendrá pronto a verte. ¿Cuál es tu problema?»
Su claridad me dejó mudo. Quedó patente que estaba siendo un obtuso de primera con mis pequeños contratiempos.


Pasó un rato y decidí salir a comprar pasta de dientes. Había apurado hasta el último suspiro del tubo anterior, así que saldría, compraría dentífrico y volvería. Cuando llegué al supermercado, en vez de entrar, pasé de largo. Hacía sol, sentía el calor en la piel, en contraste con el frío de días anteriores y me apeteció caminar. Caminé por la acera hasta que no quedó más sol, y giré a la derecha. Seguí todo recto hasta llegar a una arboleda, mientras pensaba en las razones que tenía para estar agradecido. Por un momento dejé de escuchar el barullo de los coches circulando, dejé de notar las prisas de la gente que caminaba por la calle. Pude fijarme en lo verdes que estaban los árboles y escuché cantar a los pájaros entre las ramas; ese sonido que siempre está ahí, pero que enmudece bajo el estruendo de los coches a lo largo la ciudad. Seguí caminando y pasé por un colegio donde los niños saltaban, gritaban y corrían con júbilo. Avancé un poco más y descubrí un acogedor restaurante con música exótica que parecía aguardar en calma a ser descubierto.

Tras el paseo, almacené toda esa energía, todos esos momentos: los árboles, los olores, sonidos, el entusiasmo de la juventud y mi nuevo descubrimiento, consciente de su valor.

Por eso las mujeres son de admirar. Son más capaces de permanecer en el presente. A veces veo a una chica y sonrío para mí. No por esa chica en particular, sino por todas en general. No hablo del plano físico, sino viendo más allá. Su naturaleza. Nosotros no estamos mal, pero ellas tienen algo más. Están llenas de vida; son la vida. Agradezco tener a ese alguien que cuando me vuelvo obtuso me da perspectiva.


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