30 abril, 2016

El coste de lo barato

precio etiqueta

Tenía entendido que los precios no existen, resultó ser cierto. Un precio es simplemente lo que que alguien está dispuesto a pagar. Sólo al aceptar los precios y pagarlos éstos existen, entre tanto son sólo una quimera. El valor es otra cosa: valor es aquello a lo que estamos renunciando al conseguir lo que queremos adquirir. Decía Antonio Machado: "Sólo un necio confunde valor con precio".

Las empresas de hoy en día rigen algo más de lo que deberían, pero objetivamente hablando, son organismos que satisfacen las necesidades del consumidor con una eficiencia mayor de la que podríamos lograr individualmente, lo que implica que en función de sus costes nos impondrán unos precios u otros. Ahora bien, no es lo mismo el coste de producir comida de verdad que el de hacer un mejunge de trigo transgénico lleno de E-952 u otros del estilo con el que llenarnos la tripa. El segundo es absurdamente barato; nos cobren lo que nos cobren, todo es beneficio, porque gastan casi cero por unidad. Una calidad mejor requiere de una materia prima no tan barata, por tanto su precio será mayor. Esto mismo sucede con la ropa y tantas otras cosas. Obviamente, no siempre precio alto es igual a calidad. A veces (muchas) pagamos una calidad baja a un alto precio sólo porque hay un logo de moda impreso en el producto, pero dejemos eso para otro momento.

compra maleta viaje

El otro día se rompió, tras años de buen servicio, mi maleta. Era una buena maleta.
Miré en mi bolsillo; no buscando la cartera, sino el móvil. Consulté mi disponible en el banco y no era mucho, así que pensé que solo podía permitirme comprar una maleta muy barata. Trataba de conseguir una maleta grande sin gastar más de 30 euros, así que fui al bazar del barrio. Tras unas vueltas, salí de allí con una maleta negra que parecía muy nueva y además olía bien.
Esa misma noche viajaba a Tarragona, con que llené mi maleta de ropa y partí rumbo a Tarraco. Como algunos quizá sepáis, Tarragona fue una antigua e importante ciudad romana. Su casco histórico permance todavía adoquinado, como en los tiempos de la gloria romana. Ahí iba yo con mi maleta recién estrenada 4 horas después de la compra cuando oí un crujido, me giré y vi mi rueda girando alegremente, sin maleta. Indignado, claro, volví a la tienda días después, les expliqué lo ocurrido y no dudaron en cambiarme la maleta, aunque en el fondo sabía que lo que necesitaba era una devolución.

Pasaron dos semanas y volví a viajar, usando por primera vez mi maleta recién cambiada, cuando volviendo a casa volví a ver mi rueda paseando triste y sola por la acera, nuevamente sin maleta a la que guiar. 

hombre maleta coste

Las cosas buenas cuestan de hacer, esto se aplica a cualquier sector. Y si uno no trabaja por amor al arte, al venderlas espera un beneficio, más allá de lo que costaron los materiales. ¿Son malos los precios altos? por una parte sí, por otra parte no. Lo que hemos de tener en cuenta es que cuanta más cantidad se produce, menos cuesta producir una unidad más, lo que implica que el gran productor, que tiene más máquinas, más tecnología o en este caso menores costes, es el único que puede ofrecerte precios realmente bajos. Y a veces (muchas), los precios realmente bajos llevan cosas detrás (trucos, tretas o taras).
Algunos productos son vitales y otros no, pero al menos en cuanto a la comida, no deberíamos fiarnos de un bajo precio, pues somos lo que comemos. No queremos pseudoalimentos que circulen por nuestro torrente sanguíneo y terminen por alterar nuestro código genético, haciéndonos propensos a cánceres varios.

pseudoalimento manzana pintada

Los pequeños comercios no pueden competir con los grandes, excepto abriendo las 24 horas del día; los productores del país no pueden competir con aquellos que tienen menores costes en sus materias primas, ya sea porque las consigan más baratas o porque reciben subvenciones de sus países. Hoy por hoy las cosas son así. El proteccionismo absoluto no es bueno, vale, pero resulta que el libre comercio tampoco es tan libre como lo pintan. Si es libre para unos y cerrado para otros, algo no está bien.

¿Por dónde iba? Me voy por las ramas, lo sé.
Bueno, comer no es barato, eso es un hecho, y comer bien menos todavía, pero todos debiéramos aspirar a ello, lo merecemos. En un mundo donde el hambre por insuficiencia de alimentos se erradicó hace más de 150 años, no es aceptable que haya gente que siga pasando hambre, pero tampoco lo es que para permitirse comer, haya que conformarse con pseudoalimentos.

Algún día será deber de todos cambiar esta realidad, entre tanto, hemos de asegurarnos individualmente de que nuestros ingresos son suficientes para alimentarnos a un nivel decente. Lo cual, en un marco mundial en que la mano de obra está dejando de ser necesaria por la robotización progresiva, pasa inevitablemente por la educación y la formación.

formacion educacion
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09 marzo, 2016

Actitudes animales

conejo entre pollitos

En «Armas, gérmenes y acero», Jared Diamond hace una más que interesante recopilación de la historia de la humanidad, desde un nuevo punto de vista. Además, apunta de forma sutil –al menos eso extraje yo del libro– que nos equivocamos al olvidar, que a pesar de todo, somos animales. Y como ellos, muy predecibles. Es una obra magnífica, y bastante exacta, sin embargo creo que el hecho de ser animales no tiene por qué limitar nuestras opciones. Su libro, que me animo a recomendaros, me inspiró unas palabras:

Se encontraba deslizante y sin luces,
una gaviota que volaba entre las nubes;
su destino no iba atado al de las huestes,
pues de guerras huía como la peste.

Se encontraba reposada en la baranda
una grulla que cantaba en la mañana,
no callaba, no sufría acobardada,
pues su sangre era fuerte, la avalaba.

Se encontraba escondida entre la maleza
una serpiente que aguardaba a su presa,
sin pestañear, confiada esperaba
que llegase alguna presa despistada.

No se encontraba durmiendo el león
que se negaba a ser un vago dormilón,
cada día trabajaba desde el albor,
y no descansaba hasta ver marchar el sol.

leon y su cachorro


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09 febrero, 2016

La universidad y el mundo laboral

estudios

Para cuando te das cuenta, estás escribiendo: nueve de febrero de 2015, tachando y cambiando el cinco por un seis. Ha sido rápido, apenas te has diste cuenta, pero ya es 2016. ¿Y cómo recibimos al año? ¿estamos llenos de entusiasmo y objetivos para el nuevo período? ¿hemos llegado ya al punto de aceptar que las metas de año nuevo son absurdas, o sencillamente tenemos el cerebro hecho una pasa de tanto estudiar? Mi caso es más bien el tercero, aunque por suerte todavía es una pasa de las grandes. Los que me conocen saben que el esfuerzo infinito no es lo mío; me gusta dedicarme a las cosas, pero no matarme por ellas.

Como universitario novel, estoy saboreando las mieles del conocimiento, abriendo la mente y esas cosas. ¿Se aprende? ¿vale la pena? hombre, pues si estudias, claro que aprendes.
Pero creo que no viene mal un ejercicio de franqueza; y es que la gente ya no estudia para aprender, estudia para conseguir un buen trabajo. Sin embargo, spoiler alert: estudiar ya no garantiza un buen trabajo. Yo tenía un buen trabajo, ¿así que por qué lo dejé para estudiar? Progresar está en nuestra naturaleza, sea en el ámbito que sea. En mi caso, estudiar era una asignatura pendiente.

universidad economia

En mis meses de vida universitaria he visto rebaños de ovejas perdidas, gente que ha llegado aquí sólo porque se supone que es el paso lógico, gente que no sabe por qué está aquí, y otra gente –este grupo es reducido– que tiene muy claro su propósito. Yo soy perro viejo. Juego con algo de ventaja, porque ya he pasado por el mundo real, pero también tuve mi época de incertidumbres.

Lo bueno de la universidad es que te da recursos; más que de memorizar se trata de saber combinar el aprendizaje académico con el social, de cuya correcta combinación surge un potencial éxito profesional.
  • Hay gente que se dedica a estudiar a pleno rendimiento para sacar un 10. Ser el estudiante ideal, un perfecto académico, para lo cual en la universidad hay que encerrarse y estudiar a jornada absoluta, sin vida social.
  • Hay gente que se dedica a socializar sin parar: gente que se lo pasa muy bien durante sus años de carrera: ser guays y todo eso, pero al final sólo han sumado buenas experiencias, aprendido cero y vaciado el bolsillo de sus padres.
  • Hay un tercer grupo que aprende a combinar esas dos herramientas en la proporción más conveniente, de modo que optimizan sus resultados.

Los primeros son perfectos académicos. Personas que pueden dedicarse a la investigación con grandes resultados, puesto que su prioridad es el conocimiento. Si deciden introducirse en el mercado, lo más probable es que logren un puesto técnico de relevancia media-alta, pero su tope está limitado al trato interpersonal, ya que para dirigir a las personas hay que entenderlas y saber relacionarse con ellas.

Los segundos son el alma de la fiesta, pero es muy probable que la fuente de su posible éxito –en caso de que lo alcancen– no tuviese nada que ver con la universidad.

Los terceros son los que tienen más posibilidades laborales, ya que el mercado está compuesto por personas y factores. Teniendo conocimientos humanos y técnicos en la proporción adecuada, este grupo tiende a escalar más alto en la jerarquía, por su polivalencia.

Los tres perfiles son válidos a fin de cuentas, pero es importante escoger a cuál incorporarte en función de tus objetivos.

universitarios


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