09 febrero, 2016

La universidad y el mundo laboral

estudios

Para cuando te das cuenta, estás escribiendo: nueve de febrero de 2015, tachando y cambiando el cinco por un seis. Ha sido rápido, apenas te has diste cuenta, pero ya es 2016. ¿Y cómo recibimos al año? ¿estamos llenos de entusiasmo y objetivos para el nuevo período? ¿hemos llegado ya al punto de aceptar que las metas de año nuevo son absurdas, o sencillamente tenemos el cerebro hecho una pasa de tanto estudiar? Mi caso es más bien el tercero, aunque por suerte todavía es una pasa de las grandes. Los que me conocen saben que el esfuerzo infinito no es lo mío; me gusta dedicarme a las cosas, pero no matarme por ellas.

Como universitario novel, estoy saboreando las mieles del conocimiento, abriendo la mente y esas cosas. ¿Se aprende? ¿vale la pena? hombre, pues si estudias, claro que aprendes.
Pero creo que no viene mal un ejercicio de franqueza; y es que la gente ya no estudia para aprender, estudia para conseguir un buen trabajo. Sin embargo, spoiler alert: estudiar ya no garantiza un buen trabajo. Yo tenía un buen trabajo, ¿así que por qué lo dejé para estudiar? Progresar está en nuestra naturaleza, sea en el ámbito que sea. En mi caso, estudiar era una asignatura pendiente.

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En mis meses de vida universitaria he visto rebaños de ovejas perdidas, gente que ha llegado aquí sólo porque se supone que es el paso lógico, gente que no sabe por qué está aquí, y otra gente –este grupo es reducido– que tiene muy claro su propósito. Yo soy perro viejo. Juego con algo de ventaja, porque ya he pasado por el mundo real, pero también tuve mi época de incertidumbres.

Lo bueno de la universidad es que te da recursos; más que de memorizar se trata de saber combinar el aprendizaje académico con el social, de cuya correcta combinación surge un potencial éxito profesional.
  • Hay gente que se dedica a estudiar a pleno rendimiento para sacar un 10. Ser el estudiante ideal, un perfecto académico, para lo cual en la universidad hay que encerrarse y estudiar a jornada absoluta, sin vida social.
  • Hay gente que se dedica a socializar sin parar: gente que se lo pasa muy bien durante sus años de carrera: ser guays y todo eso, pero al final sólo han sumado buenas experiencias, aprendido cero y vaciado el bolsillo de sus padres.
  • Hay un tercer grupo que aprende a combinar esas dos herramientas en la proporción más conveniente, de modo que optimizan sus resultados.

Los primeros son perfectos académicos. Personas que pueden dedicarse a la investigación con grandes resultados, puesto que su prioridad es el conocimiento. Si deciden introducirse en el mercado, lo más probable es que logren un puesto técnico de relevancia media-alta, pero su tope está limitado al trato interpersonal, ya que para dirigir a las personas hay que entenderlas y saber relacionarse con ellas.

Los segundos son el alma de la fiesta, pero es muy probable que la fuente de su posible éxito –en caso de que lo alcancen– no tuviese nada que ver con la universidad.

Los terceros son los que tienen más posibilidades laborales, ya que el mercado está compuesto por personas y factores. Teniendo conocimientos humanos y técnicos en la proporción adecuada, este grupo tiende a escalar más alto en la jerarquía, por su polivalencia.

Los tres perfiles son válidos a fin de cuentas, pero es importante escoger a cuál incorporarte en función de tus objetivos.

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